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Autoestima

Aquel patito feo
encogía las plumas temeroso,
y sus ojos cerraba poco a poco.
Aquel patito feo
en soledad vivía,
con desplantes y miedos se perdía.
Calló al principio,
la ternura anhelaba,
y envuelto en las tinieblas de aquel lago,
su sonrisa se helaba.
De hielo construyó su morada,
la puerta era de acero,
las ventanas cerradas;
y ya en aquella casa
fuera de sí gritaba
y entre lamento y llanto
su camino buscaba.
Al son del mediodía
nueva imagen soñaba…
como orgulloso cisne
plegaría sus alas.
De pronto…
sus ojos se abrieron bruscamente,
los otros le llamaban.
Aquel patito feo,
contempló su rostro en aquel agua;
con belleza y amor, pausadamente,
su nuevo yo encontraba.
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Canto a la vida

Tu agonía es mi agonía,
tu dolor es hoy mi llanto,
mil lamentos que lanzara no cubren siquiera un trecho
de tu sangre en mi regazo.
Mi gran pequeño tesoro
quiero cantarte hoy despacio…
no quiero mirar atrás por un camino ya andado,
debes trazar uno nuevo,
debes sembrarlo, mimarlo.
Camina por tu camino, siembra rosas y no llanto, labrador
solo tú puedes trazarlo.
Artífice de tu destino, solo tú puedes pintarlo
en este canto a la vida, tu vida que está llamando,
tímida vida que emerge al renacer de tus años,
al encuentro claro y limpio de mil estrellas hermanas
que te esperan a su paso.
Mi gran pequeño tesoro
lánzate al mar sin descanso y guerrea entre las olas
de triunfos y desánimos,
son impostores inertes que confundirán lo andado.
Inunda el alma de luz y vive sin desencanto.
Si tu fe nace de ti tu camino está creado.
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Tus nueve flores

Hoy quiero besar tus ojos con mis versos,
quiero adornar tu alcoba de palomas
y lanzarlas al vuelo.
De tu camino
quiero apartar las piedras del sendero.
Quiero,
por cada nueve flores que me encuentre
morir en besos.
Por las nueve esperanzas que atesoras,
darte, si puedo, el cielo.
Por tenerte
ya quiero y tengo todo.
Ilusión hecha cuerpo,
hoy y por siempre
envuelta en mil ternuras
te miro y ya te quiero.
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Feliz cumpleaños

Son ocho rosas ya
ocho pequeñas rosas,
y tallos que fueron tiernos
recios van siendo,
tiernos y recios.
son ocho rosas ya
que la tierra está mimando
que el sol está calentando.
Hoy la tierra está mojada,
las flores beben mi llanto…
y la fuerza de su savia
son besos que están hablando.
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Tus brazos en los míos

Mi niño adorado
pequeño tesoro,
lucero escondido al alba dormido.
Cariño encendido
mi bien deseado,
mi fuerza es tu nombre
camino pensado.
Amor verdadero
mi tierno pequeño,
no hay amor más blanco,
ni encuentro más puro,
ni querer más largo.
Pequeño tesoro, te quiero yo tanto…
mi vida es tu vida,
mi amor y mi canto.
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Ray.

Desde los trece años David tenía en la mesita de noche un bulldog con una abertura en la cabeza. Allí llevaba mucho tiempo, y todos los días de todas las semanas metía por la ranura un euro, aumentando esta cantidad de vez en cuando con algún refuerzo de su madre. Todos los meses vaciaban la pequeña hucha, cambiaban las monedas por billetes y colocaban este dinero en un sobre. Madre e hijo perseguían lo mismo, comprar un Akíta, perro de origen japonés de orejas tiesas, rabo erguido y enroscado.
Por fin, moneda tras moneda, consiguieron reunir todo el dinero, y con él en la mano David se responsabilizó de su cuidado, comida y paseos.
Hacía ya una semana que habían encargado la compra de Ray, nombre aún sin cuerpo, en una tienda de animales próxima a su casa, por lo que estaban esperando la llamada de un día para otro.
Por fin una tarde sonó el teléfono, Elena descolgó, efectivamente era de la tienda: esa misma tarde a última hora llegaría Ray desde el criadero.
A las siete y media estaban allí los dos, la ansiedad y la alegría se reflejaban en el rostro del muchacho que entraba y salía de la calle a la tienda, de la tienda a la calle; en una de estas salidas observó como un coche aparcaba, al poco salió de él un hombre, abrió la puerta trasera y tomó en su mano derecha una fina correa, al final de esta apareció un perro de gran tamaño para los cinco meses que tenía; el hombre tiró suavemente y Ray instalo sus patas por primera vez en el suelo de Madrid. No quería andar, su rabo que debería estar tieso aparecía flácido. La correa pasó pronto a las manos de David y tensándola poco a poco, miedoso e ilusionado a la vez el joven conoció a su amigo: blanco y canela, pelo suave, sedoso, mirada triste y huidiza.
Una vez que todos los trámites de la compra hubieron finalizado, los tres subieron a su coche. Elena conducía, David abrazaba y acariciaba a Ray. Al deslizar la mano por el fuerte cuello se dio cuenta de que el collar le apretaba demasiado y lo aflojó.
El trayecto fue muy corto, estaban deseando subirle a casa, para verle olisquear los muebles de cada habitación, investigando y conociendo su nuevo hogar, y poder estrenar el comedero y el bebedero, que recién comprados relucían como la plata.
Al salir del coche y cerrar las puertas comenzaron a caminar hacia el portal y de pronto Ray empezó a correr, el joven tiró con fuerza de la correa para detenerle y el collar desapareció del cuello del Akíta, al sentirse libre el animal se dirigió a uno de los jardines de la urbanización y pego su lomo a la pared de un seto. Con el collar y la correa en la mano se dirigió hacia él, se inclinó, pero unos oscuros gruñidos y ladridos le echaron para atrás, al tiempo que unos colmillos como puñales dentro de una enorme boca le atacaban.
Transcurrió media hora, uno intentando acercarse, el otro haciéndole frente. En uno de estos envites los dientes del perro hicieron sangrar su mano. No fue grande la herida, pero si lo suficiente para que las lágrimas no de dolor, sino de impotencia comenzaran a caer de los ojos del muchacho. Elena estaba inmovilizada, con todos los músculos en tensión contemplando la escena. De la mano de su hijo goteaba la sangre, Unas gotas fueron a caer al suelo, justo debajo de la mandíbula de Ray, el olor le distrajo y perdió por unos instantes el estado de alerta; inclino su cabeza y olfateó, olisqueó y lamió las gotitas, momento que su dueño aprovechó para a manera de lazo introducirle el collar en torno a la gran cabeza. Cuando Ray noto que tiraban de nuevo de él se enroscó girando sobre si mismo, volteando, ladrando, gruñendo, queriendo atacar de nuevo. Poco a poco fue perdiendo fuerza al no sentirse libre, y su agresividad disminuyó. Una hora más tarde todo había pasado.
A la mañana siguiente David con la mano vendada se sentaba a su lado y con discreción le iba acercando bolitas de pienso que Ray ignoraba pero periódicamente él le añadía alguna más.
Ha transcurrido algo más de un mes, se han hecho grandes amigos, cuando juegan, en casa o en algunos de los paseos, Ray le sigue lamiendo solo la mano herida.
Epílogo:
A lo largo de una semana nuestro Akita se fue adaptando a su nueva familia, mirándonos de reojo de vez en cuando y acercándose con una mezcla de prudencia y timidez a nosotros.
Solo cuando estuvo seguro de su entorno apareció el perro equilibrado, feliz y juguetón que siempre fue.
Han pasado más de trece años y él ya no está entre nosotros.
Un tiempo intenso, difícil al comienzo, tranquilo y relajado al final.
Un tiempo en el que mientras el padre de David permaneció en el sanatorio tuvo que soportar muchas horas de soledad.
Ray fue el observador tranquilo de continuas discusiones en nuestra casa de entonces. El fue quien rodeo con sus patas mis hombros cuando yo estaba sentada en un banco llorando por no se sabe que, jamás lo olvidare.
Nuestro Akita soporto una mudanza en la que mientras la puerta permanecía abierta vio como entraban y salían con los muebles de la casa gente desconocida para él; simplemente se encontraba alerta, observando todo lo que ocurría, sin ladrar.
Más tarde llegamos a la nueva casa en la que como nosotros también tuvo que ir haciéndola suya poco a poco.
Su equilibrio de puso de nuevo a prueba al comenzar una obra para hacer de nuevo la terraza que los anteriores propietarios habían pasado al interior como parte del salón, así como ampliar una habitación tirando un tabique; fue una prueba de fuego para su paciencia y también para la nuestra; aquello duro un mes rodeados de cajas aun sin poder desembalar, invadidos por el polvo y el ruido.
Pero como siempre ocurre aquello paso y Ray poco a poco comenzó a conocer su nuevo hogar y su nueva terraza en la que buscaba a menudo el placer de enroscarse sobre si mismo tomando el sol.
Desde el primer momento tuvo claro en su escala jerárquica quien era quien para él:
Primero mi hijo y luego yo Recuerdo un día, en nuestra casa anterior, que estaba en la habitación de su dueño y de pronto le vi en la puerta mirándome fijamente y emitiendo unos gruñidos suaves que me invitaban a que saliera de un lugar que para él no era el mío sino el de su querido amo.
Durante ese primer año la complicidad entre Ray y David fue creciendo fueron compañeros, camaradas, amigos y así ha sido hasta el final.
Fue una época difícil en la que teníamos que salir adelante, un tiempo duro para madre e hijo, una época en la que Ray nos ofreció su cariño, su compañía y su paciencia.
Y paso el tiempo y todos fuimos haciéndonos algo mayores y la vida se fue relajando y la unión entre perro y dueños se fue haciendo mucho más fuerte de lo que fue al comienzo y aunque desde el principio fue un miembro más de la familia yo lo sentí realmente como tal cuando me fui serenando.
A partir de los seis años Ray empezó a tener achaques que gracias al esfuerzo y la tenacidad de su dueño fuimos controlando. Se le cuido y se le dio cariño, yo le quería mucho y en su última etapa cuando ya comprendimos que era evidente que estaba envejeciendo me producía una ternura especial.
Sé que todo ello es difícil de entender por aquellos que nunca han tenido un compañero como lo hemos tenido nosotros y aún mucho más difícil para los que desconocen por ignorancia que esos a quienes llamamos animales tienen sentimientos y emociones manifestándose en ocasiones más equilibrados e inteligentes que muchos de los que se denominan humanos.
Le dimos siempre todo lo que necesito hasta el último momento, hicimos todo lo posible porque saliese adelante en esta última etapa pero fue imposible, no podía andar y era irrecuperable. Nos despedimos de él transmitiéndole todo nuestra consuelo y cariño; fue un día muy triste; no hay nada más triste que jugar a ser dioses y decidir sobre la vida de un ser vivo.
Sus cenizas se encuentran en sus parques.
Ray cruzo el puente de la vida a la muerte entrando en una dimensión desconocida, por eso sería hermoso creer que en algún momento un Akita muy especial, blanco y canela moverá su cola alegremente al encontrarnos de nuevo.
14 de marzo de 2012.
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REENCUENTRO

En los primeros años de la década de los 70 del siglo XX, la sociedad española comenzaba a respirar tímidamente los nuevos aires que circulaban por el mundo lo que hizo que Madrid fuese perdiendo su imagen de gran pueblo y los madrileños su tierno aroma provinciano. Gentes de otros países acudían al nuestro en busca de la calidez de un clima que no disfrutaban en sus lugares de origen.
Los turistas traían nuevas costumbres y formas de vida más modernas. La censura ya no era tan dura por lo que la información a pesar de seguir estando manipulada era algo más abierta. Fue el tiempo de la minifalda, la locura por los Beatles y el twist en los guateques.
En barrios céntricos de Madrid existían pensiones para gente joven, estudiantes en su mayoría, pero también para aquellos que disfrutaban ya de su primer empleo. En este lugar la patrona como se la llamaba entonces alquilaba habitaciones por un módico precio que incluía limpieza de la habitación así como el lavado y planchado de ropa. Las comidas se hacían en bares restaurantes próximos y conocidos.
Muchas familias de provincias enviaban a sus hijos a la ciudad para estudiar la carrera elegida. Una vez terminada era normal que decidiesen instalarse en la ciudad ante la posibilidad de encontrar trabajo con más facilidad que en sus pueblos o ciudades.
En una de estas pensiones cerca de Atocha… Él está tumbado en la cama, ya son más de las 12 de la noche; mato la tarde después del trabajo tomando copas con unos amigos, y ahora en la soledad de su pequeño hogar saca del armario una botella de coñac mientras se dispone a continuar con la lectura de “Los cipreses creen en Dios” de Gironella. Las horas van pasando y las páginas se beben al compás de la botella, que ya de madrugada está medio vacía. Sin darse cuenta se queda dormido y el libro al caer de sus manos se estrella contra el suelo.
El sonido del despertador le recuerda que tiene que ir al colegio donde trabaja desde hace un año. Está agotado, aunque sabe que con una ducha y un café estará de nuevo en forma. Con el tiempo justo se levanta, media hora más tarde ya está en camino.
Hoy es un día especial, ha quedado con su novia, hace un mes que no se ven. Ella estuvo en París con su padre aprovechando un viaje de negocios de él. Mientras los niños en clase hacen lectura silenciosa, el comienza a recordar su pelo negro y brillante, su cara sin maquillaje, su sencillez vistiendo. Le gusta así, guapa pero sin llamar la atención, solo para él.
Las horas se hacen eternas, pero como todo, el fin de ese día de trabajo llega también. Aún era temprano para la cita, así que le daba tiempo a hacer algo que hacía todas las tardes: tomarse por lo menos un par de cubatas antes de las cervezas de la noche.
Él ha quedado en recogerla en el portal de su casa a las ocho. Con tiempo suficiente sale del bar y se dirige hacia allí caminando. A la hora convenida ya está frente a su casa; levanta la cabeza, mira hacía el tercer piso y la ve en la ventana. Le tira un beso, ella sonríe y dice:
– termino de vestirme y bajo en diez minutos.
-Vale, te espero en la cafetería de siempre. No tardes.
No fueron diez minutos, sino algunos más. Dos cervezas después, mientras miraba hacia la calle, vio acercarse a una chica despampanante. Llevaba un abrigo largo abierto que dejaba entrever una minifalda y unas botas que alargaban considerablemente sus piernas. Los ojos hábilmente maquillados, resaltaban la tersura de su piel y el brillo de sus labios.
Ella le miro, él la miro, y freno con un golpe seco el beso que ella iba a darle.
– Pero… eres tú? ¿qué haces disfrazada así.? No quiero ni decirte lo que pareces. ¿Para esto te ha servido el mes en París con tu papa? Para esto y seguro que para algunas cosas más.
– Pero ¿Qué dices? ¿Te encuentras bien?… Me gusta cómo voy vestida y creía que a ti también te gustaría.
– Estas en un error, yo quiero a mi novia de antes, así que elige: o te quitas esa ropa y te lavas la cara, o no me vuelves a ver más. No quiero salir con una chica que viste sin respetarme a mí ni respetarse ella.
Los negros ojos de la joven empiezan a brillar, está llorando, por un momento duda y casi hace lo que él le pide; pero poco a poco su gesto se hace firme, saca un pañuelo del bolso, se seca las lágrimas y dice:
-Dejame en paz, soy yo la que no quiere verte más. No me llames, no me escribas. ¡Olvidame!. Dio media vuelta y se fue.
El fuerte puñetazo que él soltó en la barra del bar arrastro tras de sí unos vasos que se estrellaron contra el suelo. El camarero alarmado se le acerco pidiéndole por favor que se comportara. Él no le contesto, saco un billete de 1000 pesetas y se lo entregó diciéndole: “por las molestias…” y se encamino hacía la salida cerrando la puerta del establecimiento con un gran portazo.
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RECUERDOS

Mi casa vive dentro de mí como un dulce y penoso recuerdo. Algo que fue y que dejo de ser, algo que aún vive en mi intensamente.
El olor de mi parque cuando a las siete de la mañana corría con la bicicleta, para escaparme de aquella otra casa ajena a mí y a la que solo quería volver porque mi hijo vivía en ella.
Unos pasos y ya estaba dentro, a esa hora nadie era testigo de mi presencia, por lo que dejaba aflorar sentimientos que dominaban mi vida.
Cada rincón, cada árbol, cada ladera, cada uno de sus estanques, se grabó a fuego en mi memoria a lo largo de muchos años.
El día que abandoné mi hogar, me despedí para siempre, no he vuelto a cruzar su puerta de entrada.
Ahora tengo otra casa, clon imperfecto de aquella.
Muy lentamente, llevo muy poco tiempo en ella, el lazo se va haciendo un poco más sólido, aunque el sueño de mi otro hogar de lo que pudo ser y no fue, será siempre mi historia.
(Dedicado al Parque Tierno Galván)
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Días de guerra

Es pequeño, tiene miedo, y algo extraño le oprime el estómago. Está acurrucado en un rincón de la que fue su casa y llora, llora… En la calle la gente grita, y él se siente indefenso. Quiere que le escuchen, que le abracen, y sus negros ojos brillan en su cara ensangrentada.
Hace unas horas se encontraba junto a su familia. Era de noche. Su madre después de la cena se reunió con sus tres hijos como todas las noches. Él se sentía feliz apoyado en su regazo escuchando fantásticas historias de otros lugares, de otros hombres. Ella inventaba hermosos cuentos para ellos, en los que los protagonistas salían a la calle a jugar con amigos, lugares donde los niños podían ir a la escuela, lugares mágicos en los que se cuidaba la naturaleza y reinaba la armonía entre los hombres.
Acariciándoles con el sonido de su voz contaba que antes de que ellos viniesen a este mundo pudo vivirse así en su ciudad, pero sin saber porque, los hombres rompieron la paz que disfrutaban, cambiando la belleza por destrucción, el amor por odio; con la vana ilusión de crear un lugar mejor. Por eso, les decía, quiero que estéis muy cerca de mí cuando escuchamos la llegada de los aviones, aviones que en un instante destrozan todo lo hermoso que tuvimos. Y la madre hablaba y hablaba y el niño y sus hermanos escuchaban.
Fue solo un instante y no sabe que pasó, de pronto se encontró en el suelo y dejo de ver a su madre y hermanos; la polvareda que se levantó después de su caída le impidío encontrarles por eso solo puede llorar en ese rincón abrazando sus rodillas.
Poco a poco su llanto ha cesado, unos brazos amigos le recogen, abre sus grandes ojos llenos de espanto y balbucea palabras incoherentes.
Los parpados le pesan y sus ojos se van cerrando, su respiración apenas se oye y lentamente sus brazos se sueltan de esos brazos amigos.
El fuego cercano ilumina su cara y su quieta sonrisa.
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Pensamientos para reflexionar (Voltaire)

– Buscamos la felicidad pero sin saber donde, como los borrachos buscan su casa sabiendo que tienen una.
– Sólo es inmensamente rico aquel que sabe delimitar sus deseos.
– Azar es una palabra vacía de sentido, nada puede existir sin causa.
– Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero.
– Yo no estoy de acuerdo con lo que usted dice pero pelearía hasta la muerte para que usted pudiese decirlo.
La moral de Voltaire estaba fundada en la creencia de la libertad de pensamiento y el respeto a todos los individuos. Fue una figura clave del movimiento filosófico del siglo XVIII representado en la Enciclopedia francesa. Es considerado por su pensamiento como un predecesor de escritores del siglo XX.
Un libro que me ha ayudado a conocerle ha sido EL JARDIN DE LAS DUDAS DE FERNANDO SAVATER.
Francisco Maria Arouet con el seudónimo de Voltaire es la figura emblemática del siglo de las luces y de la ilustración. Luchó y escribió contra el fanatismo religioso, contra el clero y contra la pena de muerte la superstición y la intolerancia. Este libro es un conjunto de cartas en las que cuenta su vida y explica sus ideas a una señora francesa afincada en España, a su vez la dama describe como es la España dieciochesca. El resultado es una apasionante narración.
