Inicio

  • La mejor senda

    La mejor senda

    Llueve,

    entre la plata y el metal de la calzada,

    y estas gotas de agua me están limpiando el alma.

    El sol se me escondió y entre tinieblas

    gané la libertad, y di la soledad como moneda.

    Atrás quise forjar, un mundo de ilusión,

    una quimera,

    me reinventé el amor, di, perdí,

    y siempre confundí  la mejor senda.

    Llueve,

    y hoy, por aquello que luche

    ya me golpea,

    esperando de mi mejor respuesta.

    Entre la plata y el metal de la calzada llueve…

    y estas gotas de agua, me están templando el alma.

    En la noche…. el agua por el cristal avanza

    fundiendo en una sola las gotas de mi cara.

  • Los ojos del alma

    Los ojos del alma

    Es tarde, comienza a oscurecer después de un día luminoso. El mundo es presente con gentes que peregrinan por él.

    Los ojos se cierran, los parpados abrigan las pupilas aún vulnerables. Es dulce cerrarlos cuando siempre se mantuvieron abiertos, detenerse cuando siempre se estuvo caminando. Reír, llorar, encontrar la belleza en la locura.

    Ingenuidad, niñez, sencillez, que van llenando el pozo del desencanto dejando algo de soledad en el alma.

    El cielo se ha convertido en mar. Las nubes son inmensas olas, y las estrellas puntos lejanos que besan la línea del horizonte.

    Los ojos del alma dan un sentido al sinsentido, los ojos del alma no tienen edad.

  • Los días hermanados

    Los días hermanados

    Se me agolpan los días hermanados,

    porque todo se funde en el crepúsculo

    al caer de la tarde.

    Un minuto, no más y la vida se pasa

    y el rugir del silencio me abraza.

    Mientras, el cielo sigue ahí envuelto en llamas

    y los sueños se enredan en retamas

    al caer de la tarde.

    Con las sombras se adormecen los sueños

    Y ya en la noche, con el viento, la nada…

    En el fugaz presente ya pasado,

    oculto en un mañana, por seguro esperado.

  • Sueños olvidados

    Sueños olvidados

    Acababa de nacer y lloraba intensamente pero cuando le aproximaron a su madre y escucho su voz se tranquilizó comenzando a observar todo lo que le rodeaba.

    La fuerte luz del quirófano le hizo parpadear y mientras parpadeaba lo que vio no le gusto demasiado, se sintió solo, desamparado muy lejos de aquel lugar tan placentero del que le había arrancado un médico cruel.

    – ¡Vaya! Lo voy a tener difícil pensó…

    En los años posteriores su acomodada familia, le mimo, le cuido, le amo, mientras le presentaban únicamente como buenas aquellas situaciones que ellos creían favorables para él.

    Así fue creciendo nuestro bebe y cuando llego su juventud y más tarde su madurez fue dibujando su vida con las líneas que los demás le iban presentando.

    Termino una carrera, aquella que le permitiría un buen puesto y mejor fortuna para así poder trabajar en una de las empresas de su padre. Una vez establecido en una de ellas el siguiente paso fue formar una familia, con el fin de seguir trayendo bebes al mundo.

    Eligió a una mujer ni guapa, ni fea, mi demasiado lista ni demasiado tonta, con una presencia lo suficientemente agradable para desenvolverse en su ambiente social de cenas y divertimentos varios y con la que se fue encariñando poco a poco.

    El ciclo comenzó de nuevo, todos hablaban de él como el joven triunfador, guapo e inteligente, al que la vida ofrecía un maravilloso porvenir.

    Pasaron los años, se enriqueció aún más, sus tres bebes se convirtieron en tres bebes adultos, y con su esposa mantenía una cariñosa distancia.

    Una mañana, cuando su esposa bajo a desayunar en el jardín para tomar después un baño en la piscina y decidir sobre el mejor modo de pasar el día, se encontró debajo de su servicio de desayuno un sobre con su nombre.

    Lo abrió lentamente con algo de molestia, ya que intuía que lo que allí pondría iba a alterar su rutina.

    Como así fue: “siento crearte esta contrariedad, pero seguro que encuentras pronto el modo de superarlo. Me marcho y lo hago con alegría con la ilusión de un nuevo renacer a la vida, el gran esfuerzo realizado a lo largo de tantos años por complaceros me ha dejado un enorme vacío y una profunda soledad.

    Hace un tiempo recordé que en algún momento tuve sueños qué entre todos, yo el primero, nos ocupamos de sofocar.

    Me llevo solo lo imprescindible, lo justo para poder vivir con dignidad, el resto os lo regalo. 

    El notario está al corriente de todo, digamos que os dono legalmente mi patrimonio.

    No me busquéis, no me recordéis Estoy seguro de que vuestras vidas no se verán alteradas por mí ausencia”.

    La esposa, doblo el papel, lo introdujo de nuevo en el sobre, se sirvió un café, mordisqueo una tostada y mentalmente comenzó a planificar su día.