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Todo es mar

Todo es mar en mi cuerpo,
en el lecho de rocas,
en el sabor a sal,
en las olas que vienen
y retornan y van.
Todo es mar en mi cuerpo,
en olas infinitas
de espumas y lamentos,
de náufragos perdidos
amados por las ninfas en sus sueños.
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Haiku 11.

Hierba humeda
en mis dedos húmedos,
brisa temprana.
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Te veré

Te veré en la distancia y en el tiempo,
en la rizada espuma de las olas,
en la tarde sin nubes
bajo el tórrido sol.
En los montes y valles
que se ofrecen al cielo.
Te veré en la tormenta y en la noche,
entre las lomas verdes
y aquel árbol en flor.
(Dedicada a mi madre. 2011)
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El niño interior.

Convivimos sin ser muy conscientes de ello con el niño que fuimos . Existió un momento en nuestra infancia en que fuimos alegres, creativos, dueños de nuestra ilusión y fantasía pero también padecimos miedos angustias y desconciertos. Miedos, que pudieron entenderse mejor por una explicación adecuada del adulto con el refuerzo siempre mágico de un abrazo y unas palabras de aliento. Un niño pregunta, pregunta mucho y necesita respuestas, respuestas que siempre irán unidas a ese cariño que con su pregunta nos está pidiendo. El tiene que sentir que estás y estarás siempre a su lado.
Sucesos como el acoso o los abusos en la niñez causan heridas profundas en la infancia que van a determinar una vida de adulto muy difícil. Hay niños valientes que cuentan a sus padres lo que les ocurre y si no hay respuesta de ellos, o simplemente no le creen, el desconcierto, el vacío y la culpa dominara la vida de ese niño. Se llenara de sombras que determinaran a lo largo de su vida muchas de sus conductas. Si pasó por experiencias tan duras pero siente que los padres le comprenden, le explican y le acompañan será mas suave el camino de la sanación, pero si se encuentra solo se ira convirtiendo en un ser temeroso, inseguro e irascible porque el miedo dominara su vida. Se enfadará, se aislara, puede llegar a ser duro, primero con él pero también con los demás. Un niño que con el correr del tiempo se ira escondiendo cada vez mas en lugares de su cuerpo para que el dolor sea menos visible, para que el dolor duela menos.
Ese niño sigue existiendo en nosotros y debemos acercarnos a el para curar sus heridas y alentarle en sus temores. Hay que intentar comprenderle, besarle, abrazarle, protegerle, apoyarle, darle amor. Tratarle como nos hubiese gustado que nos trataran en la niñez y decirle que a partir de ahora estará a salvo y que lo cuidaremos y aceptaremos como se merece.
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Magia.

Si tú lo supieras
hoy de dicha cantarías,
y de risas y deseo
tu canción magia seria.
Llena de paz y de luz,
la vida me recordó
que entre la luna y el viento,
el fuego que nos cubrió
puso fin a nuestros sueños.
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Canto a la vida.

Tu agonía es mi agonía,
tu dolor es hoy mi llanto,
mil lamentos que lanzara no cubren siquiera un trecho
de tu sangre en mi regazo.
Mi gran pequeño tesoro
quiero cantarte hoy despacio,
no quiero mirar atrás por un camino ya andado,
debes trazar uno nuevo
debes sembrarlo, mimarlo.
Camina por tu camino, siembra rosas y no llanto, labrador
solo tú puedes trazarlo.
Artífice de tu destino, solo tú puedes pintarlo
en este canto a la vida, tu vida que está llamando,
tímida vida que emerge al renacer de tus años,
al encuentro claro y limpio de mil estrellas hermanas
que te esperan a su paso.
Mi gran pequeño tesoro
lánzate al mar sin descanso y guerrea entre las olas
de triunfos y desánimos,
son impostores inertes que confundirán lo andado.
Inunda el alma de luz y vive sin desencanto.
Si tu fe nace de ti tu camino está creado.
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Haiku 10.

Gotas de rocio
en tus cenizas frías,
Lluvia de abril.
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Ayer promesa.

Fuiste canto y refugio,
ayer promesa
hoy sendero sin rumbo.
Ardor que el fuego no me funde
y que escupe en mi aliento frio y furia.
Entre tiniebla y sol
busque morada,
sin encontrar lugar
en el volcán, que entre la lava ruge.
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Si mis manos pudieran deshojar

Federico García Lorca.
Yo pronuncio tu nombre
en las noches oscuras,
cuando vienen los astros
a beber en la luna
y duermen los ramajes
de las frondas ocultas.
Y yo me siento hueco
de pasión y de música.
Loco reloj que canta
muertas horas antiguas.Yo pronuncio tu nombre,
en esta noche oscura,
y tu nombre me suena
más lejano que nunca.
Más lejano que todas las estrellas
y más doliente que la mansa lluvia.¿Te querré como entonces
alguna vez? ¿Qué culpa
tiene mi corazón?.
Si la niebla se esfuma,
¿qué otra pasión me espera?.
¿Será tranquila y pura?.
¡¡Si mis dedos pudieran
deshojar a la luna. -
DESAPARECIDA

El despertador sonó a las 7 de la mañana. Helena se desperezo en la cama después de una espléndida noche de sueño. Se sentía bien, pero que muy bien. Se levanto sin prisa, abrió la ventana y respiro el cálido aire de un hermoso día de mayo. Conecto la radio del móvil que permaneció como ruido de fondo mientras se duchaba, vestía y desayunaba. Algo más tarde apagó la radio, cogió las llaves de su coche y se encamino hacia el hospital donde trabajaba.
Ya en la calle se dirigió al garaje donde se encontraba su viejo Ford rojo, al que cada mañana alentaba con palabras cariñosas. Hubo suerte, a la cuarta vuelta de llave el coche arranco y poco después ya estaba instalada en el atasco mañanero habitual. La hilera de coches era interminable y se avanzaba muy despacio, hoy era todo mucho más lento, un accidente impedía continuar. Llegaría tarde y eso no le gustaba. Pero, ¿Qué otra cosa podía hacer?: 10’ y parados, 20’y parados. Encendió la radio para intentar distraerse.
Cuando estaba a punto de quedarse dormida de puro aburrimiento, se sobresalto al escuchar el ruido de unos remos que suavemente acariciaban el agua. Abrió los ojos y sonrió al ver lo familiar que le resultaba el entorno. Ella era la que remaba y la que provocaba el ruido al chocar la madera en el agua. Se vio a si misma con una larga cabellera rubia y un corto vestido de color claro. Navegaba por un rio tranquilo, muy caudaloso, en el que se reflejaba un cielo sin nubes. Las casas de adobe y los campesinos de cortas túnicas y toscas sandalias pertenecían a aquel paisaje. A lo lejos se adivinaba un embarcadero y hacia el se dirigió. No podía explicarlo pero sabia que la estaban esperando y los rostros de los hombres y mujeres que se encontraban allí se fueron dibujando con mas precisión. Eran jóvenes, sus vestidos eran sencillos y la expresión de sus caras transmitía confianza.
Cuando la barca se detuvo una de las mujeres alargo su mano para tomar la suya y le ayudo a llegar a tierra. Ven con nosotros, alguien lleva esperándote mucho tiempo. Caminaron por un frondoso sendero y se dirigieron a una gran casa que a lo lejos se veía medio oculta entre los árboles. Allí en el fondo de un amplio salón una voz tranquilizadora la invitaba a acercarse. Helena se dejaba llevar, sorprendida a la vez por lo familiar que le estaba resultando todo lo que observaba.
Una mujer vestida con una sencilla capa blanca miraba con impaciencia la puerta y a la joven que se acercaba a ella. Era su hija, no había duda, que regresaba de nuevo a su hogar. Cinco años habían pasado desde su desaparición en una noche de fuerte tormenta. La mujer tomo a Helena de la mano y la abrazo con fuerza. La joven estaba desorientada por no encontrar una explicación a lo que estaba ocurriendo y a la vez sorprendida por no sentirse extraña en ese lugar en el que parecía que el tiempo había retrocedido centenares de años.
Se dejo llevar y al abrazarse las lágrimas resbalaron por los ojos de ambas.
Un ruido extraño, un ruido desconocido, que poco a poco identifico como el sonido de un coche le hizo levantar la cabeza y abrir sus ojos cerrados. Se encontraba en el interior de su Ford y la radio seguía encendida, (se había dormido pensó) después de unos minutos le llamo la atención la noticia que escuchó: Desaparecida misteriosamente Helena Gaitán hace treinta días. Cuarenta años, 1’70 de estatura, rubia pelo corto. Su coche un Ford rojo apareció abandonado en Sevilla, junto al Guadalquivir.
Bajó del coche, y las barquillas que navegaban por el rio, dieron un toque de frescor a un caluroso mes de junio.
