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Poesía

Indiferencia

Un hombre en esa esquina, sonrojado,

con sus ojos caídos, apagados.

Sus manos están trémulas

y por la calle

las gentes caminan agobiadas,

repletos de placeres, muy ciegos o muy cautos.

Un hombre en esa esquina, castigado,

con sus ojos me busca

solo pide mi calor y mi mano,

quizás el precio es alto para cambiar el paso.

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